Cómo crear personajes que enganchen a tu lector

La trama, el ritmo, el misterio… existen un sinfin de variables que pueden volver a una historia más o menos interesante. Sin embargo, hay pocos que tengan un efecto tan duradero y profundo en un lector como un buen personaje.

No nos engañemos.

Si mi generación se tragó las nueve temporadas de Cómo conocí a vuestra madre e hizo arder Internet cuando se emitió el último capítulo, no es solo porque tuviésemos demasiado tiempo libre, sino porque sentíamos aprecio por sus protagonistas.

Y eso es precisamente lo que define a un buen personaje. Que es capaz de despertar emociones en tu lector. ¿Cuál o cuáles? Pues eso depende de nuestro objetivo y del tipo de personaje del que estemos hablando.

Pero no nos adelantamos. Antes de empezar hablar de los tipos, subtipos, categorías, arquetipos y todas esas movidas, vamos a empezar con lo básico.

Cómo crear personajes que enganchen a tu lector

Uno de los primeros pasos antes de sentarte escribir, en la etapa de planificación, sería esbozar los personajes que van a poblar nuestra historia. Esto es importante, porque a menudo, la personalidad que le demos a nuestro protagonista y a aquellos a su alrededor puede obligarnos a cambiar de planes.

Y hay pocas cosas que fastidien más que tener que cambiar la quinta parte de tu novela, porque tu personaje no es como habías planificado.

A veces estas cosas pasan. Hasta a los más organizados. Y no queda otra que ponerse a reescribir. Pero vamos a minimizar riesgos, ¿no te parece? Que el proceso de revisión es ya bastante pesado incluso cuando has hecho los deberes.

Así que siéntate lo antes posible y estrújate los sesos para averiguar quiénes son esos pobres infelices a los que vas a amargar la vida en las próximas ciento y pico páginas de tu manuscrito. Y, una vez lo sepas, ponlo por escrito, para que no se te olvide. 

A día de hoy, tienes a tu disposición cientos de modelos de ficha de personaje. En esta entrada, te doy una propuesta de ficha de personaje. ¿Es la mejor? Pues no sabría qué decirte. Es la que utilizo, eso sí. 

En esta entrada, no obstante, voy enseñarte a pescar en lugar de darte un pez. Que a la larga suele ser más útil. Desde mi punto de vista, existen tres pilares imprescindibles en la planificación de un buen personaje. Tres: trasfondo, conflicto, objetivo. Una vez los tengas claros, da igual cuántos elementos más quieres que tenga tu ficha. El resto de información brotará con facilidad.

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El trasfondo del personaje

Muchas veces, esta es, junto a la documentación, la parte más invisible en la planificación de cualquier historia. Sin embargo, es una de las más importantes. Conocer el trasfondo de tu personaje (quién es, dónde nació, cómo creció…) es de gran ayuda para establecer el conflicto y sus deseos y aspiraciones.

Si no te fías de mí (que haces bien) pregúntale a un psicólogo de verdad. Este te explicará que la infancia y la adolescencia son muy importantes a la hora de construir la personalidad de la gente. Como queremos crear la ilusión de que nuestros personajes son reales, es importante plantearnos cómo ha llegado a donde está ahora.

De este modo, un personaje que ha crecido sobreprotegido por sus padres y hermanos, podría tener problemas de ansiedad o dificultades para socializar fuera de su zona de comfort. En cambio, uno que haya crecido en una familia desestructurada podría ser más independiente, pero intentar enfrentarse a todo solo y tener dificultades para dejarse ayudar por otros.

Sin embargo, y pese a que las circunstancias de un personaje son importantes, no deben ser lo único a lo que prestemos atención al construir el transfondo de un personaje. De hacerlo, corremos el peligro de caer en estereotipos. También es importante pensar qué le gusta, sus aficiones, qué se le da bien y qué no. Cualquier cosa que se te ocurra. Tal vez tu novela no incluya toda esa información, pero aquí lo importante es que cobren vida en tu cabeza. 

El diálogo, o cómo darle una voz propia a un personaje

Esta es una de las partes más complicadas de la escritura creativa, no te voy a engañar. Y, aunque todas las formas narrativas buscan darle naturalidad a los diálogos, no se escribe igual en un guion que va a utilizarse en cine o en televisión, en un cuento o en una novela.

Antes de entrar en específicos, voy a hacer una confesión. La gente (y yo el primero), en el ámbito más privado, habla fatal. Por norma general, en una historia, nunca vamos a llegar a emplear un lenguaje tan vulgar como el que puede salir por nuestras boquitas cuando llevamos tres cervezas. Dicho esto, voy a darte una serie de herramientas básicas que te pueden ayudar a modular tus diálogos:

  • Uso de conectores: esta es una de las formas más sencillas de regular el registro en un diálogo. Algunos como y, pero, aunque, porque, mientras son muy habituales en el lenguaje coloquial, mientras que otros como por consiguiente no lo son tanto. Piensa en cuáles usas para hablar y cuáles no. Tampoco uses frases muy largas, salvo que el registro sea formal o el personaje un poco pedante.
  • Uso de refranes: otro recurso muy interesante para darle su propia voz a un personaje.
  • Utiliza los silencios: ¿es el personaje directo? ¿esquiva el conflicto? ¿la da mil vueltas a las cosas antes de decir la verdad? A veces lo que no se dice puede ser tan importante como lo que sí.
  • Coletillas, motes y similares: permiten identificar a un personaje con facilidad, aunque no se debe abusar de ellas.

Como los recursos son casi ilimitados y no quiero llenar esta entrada, voy a recomendar algunas obras que los usan de forma muy efectiva.

Para los que tengan menos tiempo, el relato La señorita Cora de Julio Cortázar es un excelente ejemplo. En este relato, que trata sobre la estancia de un adolescente llamado Pablo en el hospital, el narrador (en primera persona) cambia de punto de vista cada pocos párrafos. Pero está escrito de forma que el lector no se pierde y sabe siempre a quién pertenecen los distintos pensamientos que el narrador describe.

Y para los que tengan más, las novelas de La saga de Geralt de Rivia son otro excelente ejemplo de diálogos bien construidos. El traductor de estas novelas, Jose María Faraldo, hizo un trabajo excepcional a la hora de dar una voz propia a los personajes principales y darle a los diálogos el tono caricaturesco y cínico que empapa toda la obra.

El conflicto

Fíjate si es importante, que le dediqué una entrada en exclusiva al conflicto. En esa entrada, distingo entre dos tipos de conflicto: el externo y el interno. En esta entrada, no obstante, nos centraremos en el segundo.

El conflicto interno es el uno de los pilares de la creación de un personaje y a menudo está muy relacionado con su trasfondo. Suele tratarse de un defecto; una frustración; algo que, de algún modo, le impide ser feliz o la mejor versión de sí mismo.

Es posible que no sepa que ese conflicto existe al principio de la historia. Al fin y al cabo, no siempre nos conocemos a nosotros mismos tan bien como pensamos.

No todos los personajes de la novela tienen por qué sufrir un conflicto interno. Pero como mínimo, te recomendaría que el protagonista lo tenga. Muchas historias están estructuradas entorno al conflicto interno y, por norma general, este hace más sencillo que el lector sienta simpatía por un personaje. Por ello es interesante buscar conflictos que puedan resonar con tu lector objetivo.

¿Y cómo puedes saber eso?

Lo más sencillo es, o bien devorando obras que tengan el mismo público objetivo, o bien escuchando los problemas de la gente a tu alrededor y analizando cuáles se repiten de forma más habitual.

También puedes leer libros de divulgación científica relacionados con la psicología. Deberías más bien. Quiero decir, se supone que eres escritor, ¿no vas a leer?

Dificultades y fracasos

Todos hemos fracaso alguna vez. Algunos como yo, que he sido muy pardillo, superamos con creces la media. Es lo que hay. La vida es dura y, a veces, nuestra cabeza lo es todavía más. Hay dificultades, la gente te decepciona y a veces, aunque creas haberlo hecho todo bien, puedes darte en los morros contra un muro que parece infranqueable. 

Pero no he venido aquí para deprimirte, sino a enseñarte a crear personajes para tu relato o tu novela.

Si has llegado hasta aquí, igual empiezas a ver que el objetivo principal de este proceso es crear la ilusión de que tu personaje es real. Si consigues, por decirlo así, engañar a tu lector para que establezca un vínculo emocional con tu personaje, has ganado. Y, como todo el mundo fracasamos de vez en cuando, hacer fracasar a tus personajes puede ayudar a que parezcan más humanos.

Por supuesto, el fracaso no puede utilizarse únicamente para hacer chantaje emocional a tu lector. En las tragedias griegas, por ejemplo, un tema habitual es que el destino es algo que no se puede cambiar.

Uno de los mejores momentos de Canción de hielo y fuego, es cuando Jofrey muere envenenado. ¿Fracaso? Para él y los Lannister sí. Pero los que estábamos al otro lado del libro (o la pantalla) descorchamos el champán.

Deseos y aspiraciones

La realidad es que todos tenemos sueños, aspiraciones, cosas que queremos hacer en la vida. Si estás aquí, igual es porque quieres ser escritor, digo yo. Como ya hemos dicho, crear un buen personaje consiste en crear la ilusión de que podría ser real. Por lo tanto, es importante tomar cosas que son comunes a tu lector.

En Guardianes de la Ciudadela, el sueño de Axlin es visitar tierras lejanas y crear un bestiario con información sobre los monstruos que asolan su mundo. Esto, además de fundamentarse en algo tan universal y básico en el ser humano como la curiosidad, le da a la protagonista un objetivo tangible. Y te indica, de algún modo, en qué dirección va a avanzar la historia.

En obras que tengan una duración limitada, como un cuento o una novela corta, este apartado podría dejarse a un lado pero conforme va aumentando la duración de la obra, dar al protagonista (y a los personajes más cercanos a este) un objetivo tangible puede ser positivo tanto para ti a la hora de escribir como para la audiencia.

Es interesante cómo, en ciertas historias, las aspiraciones del protagonista se cumplen mucho antes del final de la novela. En El lobo de Wall Street, por ejemplo, el protagonista se vuelve multimillonario a mitad de película. El objetivo de esta cinta, más que mostrar su ascenso, es desglosar las consecuencias que su nueva situación tiene en él y las personas a su alrededor.

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Tipos de personajes

Protagonista

El protagonista es probablemente el personaje más importante de una historia. O, al menos, es el personaje con el que el lector va a pasar la mayor parte del tiempo. Así que vamos a prestarle mucha atención.

Como todos los personajes que vamos a desarrollar en la trama de tu novela, es importante que contengan los tres elementos que mencioné en el apartado anterior. Un trasfondo, un conflicto y un deseo. Es muy importante establecer estos tres elementos, ya que la estructura básica de una historia se construye de la siguiente manera:

Un personaje está inmerso en su vida diaria, que a menudo es tranquila y transcurre sin grandes complicaciones. No obstante, de algún modo, hay algo que le impide que sea feliz: la semilla de un conflicto o un deseo irrealizado.

Algún acontecimiento interrumpe la vida diaria del protagonista, que se ve sumido en el más absoluto caos. Para poder recuperarla, o reconstruirla de algún modo, tendrá que enfrentarse a este conflicto de frente. Antes de su resolución, surgirán una serie de contratiempos o pruebas. Y, al superar cada una de ellas, el personaje estará más cerca de su objetivo o deseo.

Después de un enfrentamiento final, el protagonista consigue resolver su conflicto, alcanzar sus objetivos y cumplir el deseo que tenía al principio de la historia. Que puede ser comprar la réplica de Buzz Light Year que su hijo quería por Navidad, encontrar el amor, o conseguir implantar el modelo de gobierno que esperaba después de una revolución. El límite lo pones tú.

Como ves, cada uno de estos tres elementos puede ser la base sobre la que construimos uno de los actos de una novela, que explico en profundidad en esta entrada.

Aunque existen tantos protagonistas distintos como historias se han escrito, a continuación voy a incluir enumerar una lista de tipos de protagonistas bastante comunes y recurrentes.

Tipos de protagonistas

Se trata de un personaje que no quiere cumplir su papel de protagonista. En lugar de ello, hacen todo lo posible por aferrarse a su vida anterior.

Ten en cuenta que, como escritor, tu objetivo siempre va a ser que el protagonista haga frente al conflicto de un modo u otro. Por ello, intentar huir o ignorarlo suele tener consecuencias desagradables.

Si Frodo, por ejemplo, no hubiese abandonado Hobbiton con el anillo, los Nazgûl le habrían encontrado y podrían haber arrasado su pueblo.

Dos buenos ejemplos serían Bastian Baltasar Bux en la Historia interminable y Ken Kaneki en Tokyo Ghoul.

El ejemplo más icónico de este tipo de protagonista sería el pistolero duro y gruñón que viaja de cazarrecompensa por el Salvaje Oeste en los western.

Se trata de personajes que, por un motivo u otro, han sido expulsados de la sociedad o han decidido renegar de ella.

A menudo se les presenta como personajes envueltos por el misterio y se les plantea si realmente deberían mantener o no ese estilo de vida.

También son habituales en géneros como la novela negra o la ciencia ficción, en especial el cyberpunk.

En algún momento de nuestra vida, todos hemos bromeado diciendo que íbamos a lanzar un cóctel molotov al despacho de un profesor.

Si no estás leyendo esta entrada desde prisión, probablemente sea porque no lo has hecho. Pero, todo sea dicho, imaginarse durante unos instantes el despacho ardiendo era una sensación bastante agradable.

El atractivo de los antihéroes va un poco ligado a esta sensación. Se trata de personajes que adoptan rasgos que podrían considerarse más propios de un villano, que pueden recurrir a la violencia o actuar fuera de la ley, pero que tienen un objetivo final con el que, de algún modo (aunque pueda ser muy retorcido), podemos empatizar.

Aunque sea un poquito. Como ejemplo de cómo no crear un antihéroe, tienes a Kratos en God of War II y III, en los cuales es poco más que una masa de músculos que grita el nombre del dios griego de turno mientras lo despedaza.

Como buen ejemplo, podríamos pensar en Light Yagami durante la primera mitad de Death Note o la capitana pirata Hanna Mabbot de la novela Entre pólvora y canela.

La línea que separa un antihéroe de alguien que no lo es resulta, lamentablemente, bastante fina. Esto puede verse, por ejemplo, en el debate sobre si Batman (o al menos, alguna de sus encarnaciones) entraría en este tipo de protagonista.

Pues elaborando una ficha del personaje, por supuesto. ¿Y cómo se hace eso? En esta entrada te explico cómo hacerlo y pongo a tu disposición la que utilizo yo.

Deuteroagonista

Se trata del más fiel aliado del protagonista: Sancho Panza en Don Quijote, Watson en Sherlock Holmes o Ron y Hermione en Harry Potter. Tienen una gran importancia en la historia y su trasfondo y su personalidad suelen haberse desarrollado para complementar al protagonista de un modo u otro.

Por ejemplo, Watson es vital en las novelas de Sherlock Holmes porque permite a la audiencia entender las pesquisas del detective. Uno de las principales funciones de este personaje consiste en hacerle preguntas, facilitando así sus averiguaciones al lector.

En Harry Potter, por poner un ejemplo más actual, ambos personajes cumplen papeles distintos. Hermione es un personaje de gran inteligencia y curiosidad, que hacen que devore información sobre cualquier tema relacionado con el mundo mágico que encuentre. Esto permite a J.K. Rowling emplearla para explicar muchos conceptos e instrumentos del mundo mágico. Además, su origen sirve de vínculo entre el protagonista y el mundo muggle.

Ron, por otra parte, es utilizado a menudo como alivio cómico, aunque su papel no termina ahí. Pese a que Hermione posee una gran cantidad de conocimiento sobre magia, sus orígenes muggle limitan sus conocimientos sobre la cultura y sociedad mágica. Ron, al pertenecer a una familia de magos, puede ofrecer información en las situaciones que se escapan a Hermione. La conexión de su familia con el mundo mágico, además, permite al trío protagonista asistir a eventos como los Mundiales de Quidditch.

Al crear deuteroagonistas, por tanto, es importante tener en cuenta cómo es nuestro protagonista y pensar en personajes que puedan suplir sus carencias.

Antagonista

Crear un antagonista memorable es, desde mi punto de vista, una tarea mucho más complicada que crear un protagonista. A diferencia de este, las exposición del lector al antagonista tienden a ser mucho más limitada. Su oposición al personaje principal, además, predispone a tus lectores a verlo como otro obstáculo a superar por el protagonista.

Para comprender qué es lo que hace que un antagonista sea eficaz, la mejor herramienta es analizar qué ha vuelto memorables a algunos de los grandes villanos de la historia del cine y la literatura.

Como primera aproximación a la hora de crear un antagonista (o cualquier personaje), puede resultar útil recurrir al sistema de alineamiento del juego de rol Dragones y Mazmorras. Probablemente ya lo conozcas, dado que hace años Internet se llenó de memes que clasificaban personajes (y comportamientos de la gente), en esta característica cuadrícula de nueve casillas. Esta entrada de Xataka desmenuza bastante bien su funcionamiento.

Sin embargo, y aunque nos puede servir de referencia, no debemos quedarnos ahí. Un personaje que siempre actúa siguiendo pautas muy estrictas puede resultar aburrido, sea cual sea su función. Por ello, una vez hemos realizado esta aproximación, debemos hacernos una serie de preguntas.

  • ¿Qué tipo de oposición mantiene con el protagonista? ¿Es una cuestión ideológica? ¿Es una desaveniencia personal? ¿Poseen el mismo objetivo?
  • ¿Cuál es la relación que mantiene con el protagonista? ¿Cuál considerarías que es la emoción principal que siente hacia el protagonista? ¿Y viceversa?
  • ¿Qué tipo de amenaza supone este personaje para el protagonista? ¿Cuál es la intensidad de esta amenaza? ¿Cuáles serían las consecuencias de un fracaso?
  • ¿Cuáles son los puntos fuertes del antagonista? ¿Y sus debilidades?

Crear un trasfondo, un deseo y un conflicto es, a fin de cuentas, tan importante en el antagonista como en cualquier otro personaje. Responder estas preguntas, y desarrollarlo del mismo modo que a otros personajes es de vital importancia.

Personajes secundarios

Personaje incidental

Este personaje todavía tendría cierta importancia dentro de la trama, así como profundidad psicológica y posiblemente su propia evolución a lo largo de la historia, pero no se centra tanta atención en él. Hagrid, por ejemplo, sería un personaje incidental en Harry Potter.

Normalmente, los personajes incidentales son mentores, amigos, familiares u otros personajes cercanos al protagonista. Dado que sí tienen profundidad psicológica, debes tener claro los tres elementos que hemos mencionado antes, incluso si no vas a incorporarlos de forma explícita. Como siempre, cuanto más sepas de tus personajes, más reales van a parecerte cuando los escribas.

Otra gran diferencia, entre un deuteroagonista y un persona incidental, es la cantidad que puede haber en una obra. Rara vez vas a ver una novela o película que tenga más de tres deuteroagonistas (excluyendo, por supuesto, novelas río como Canción de hielo y fuego o las trilogías de Los pilares de la tierra y The Century the Ken Follet). El principal motivo es, desde mi punto de vista, una cuestión práctica. Cuantos más personajes hacen acto de presencia en una escena, más difícil se vuelve hacer avanzar la historia y elaborar buenos diálogos. Por ello, cuando construyas una escena con cuatro o más personajes, te recomiendo decidir previamente quiénes van a llevar la voz cantante.

Personaje de bulto

Una categoría por debajo de los personajes incidentales, nos encontramos con los personajes de bulto. Estos personajes todavía gozan de cierta profundidad psicológica, aunque su evolución a lo largo de la historia será prácticamente nula y sus apariciones mucho más limitadas. Seguiría siendo interesante elaborar una ficha para este tipo de personaje, aunque no tiene por qué ser tan extensa ni incluir un conflicto interno. Al fin y al cabo, dado que no hay evolución, no es necesario que haya un defecto que pulir o un problema por resolver.

Draco Malfoy, durante buena parte de las novelas de Harry Potter, es un personaje de bulto. No obstante, en las sexta y séptima novela recibe una mayor atención que podría llevarle a ascender al puesto de personaje incidental.

Personajes planos

Los extras del cine de toda la vida, como quien dice. Su importancia en la historia es muy limitada, por lo que no suele ser necesario hacer una ficha para estos personajes, aunque sí puede ser interesante tomar notas sobre algunos de sus rasgos más característicos (viene de buena familia, es glotón, se enfada fácilmente, es muy bueno en X deporte, saca malas notas…).

Los dos matones con los que suele ir Draco Malfoy en las novelas y películas de Harry Potter serían buenos ejemplos de personajes planos. Piensa, ¿cuánto sabes de ellos? Bastante poco, ¿verdad? Pues eso.

¿Pero qué personajes debería incluir mi historia?

Por norma general, depende del género y de lo larga que vaya a ser la historia que estás escribiendo. En un cuento de una o dos páginas, por ejemplo, apenas tendrás espacio para desarrollar al protagonista. Y, si te lo montas muy bien, tal vez a un personaje más. Conforme va aumentando la longitud de tu historia, no obstante, es posible añadir más personajes a tu historia.

En una novela corta, tal vez puedas permitirte el lujo de incluir un deuteroagonista y uno o dos personajes incidentales. Y si esta novela va creciendo, es probable que sientas la necesidad de ascender a algunos de tus personajes planos a personajes de bulto y a algún personaje de bulto a incidental.

Por otra parte, no todos los géneros requieren de un antagonista. Una novela romántica, por ejemplo, no necesita de un personaje que pelea con el protagonista por las atenciones de su interés romántico. En lugar de ser un único personaje el que se oponga a él, este rol puede recaer en distintos personajes incidentales o de bulto a lo largo de la historia. E incluso si decides incluirlo, no siempre tendría que tratarse de una persona. También podría tratarse, por ejemplo, de un prejuicio o de una ley como la que prohibía durante buena parte del siglo XX los matrimonios interraciales en Estados Unidos.

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