Cómo crear personajes con una ficha útil y sencilla

No sé si te pasará a ti, pero a mí por lo menos no me gusta revisar. Sobre todo, si se trata de un texto más largo, como una novela.

Lo que pasa, es que sé que tengo que hacerlo. Y lo hago. Porque  quiero que mi historia sea lo mejor posible. Dentro, claro esta de límites razonables.

De modo que empecé a pensar en qué podía hacer, para volver este proceso de revisión tan sencillo como fuera posible. Una de las cosas que hice fue establecer un sistema para afrontar este proceso, que te describo en esta entrada de mi blog.

La más importante, no obstante, fue aprender a planificar mi historia. Y para ello, una de las cosas más importantes es aprender a hacer buenas fichas del personaje.

Fichas que tuvieran la informacion justa y necesaria.

Bien estructuradas.

Fichas que, en resumen, pudiese consultar de forma rápida y sencilla. Porque cuando mi ficha parecía una entrada de wikipedia, me entraba una pereza que ni te imaginas.

Si has visitado mi entrada sobre cómo crear personajes, habrás leído que para mí existen tres elementos básicos a la hora de crear uno: un transfondo, un conflicto y un objetivo. Con estas tres cosas, uno podría tener una ficha minimalista.

Pero los personajes son, al menos para mí, de lo más memorable de cualquier historia. Y eso hace que al escribir quiera crear los mejores posibles. Y que, por tanto, haga un esfuerzo extra y desarrolle otros apartados, que a ti pueden parecerte (o no) de utilidad.

Eso ya lo dejo a tu criterio.

La ficha del personaje: qué, cómo y por qué

Lo primero, lo más importante, y casi lo único que debes tener en cuenta al crear una ficha del personaje es que es una herramienta de consulta PARA TI.

No para los demás.

Lo más importante, por tanto, es que hagas una ficha con la que tú te sientas cómodo y a la que puedas recurrir para consultar todas tus dudas.

Porque tendrás dudas. A lo largo del día uno piensa en muchas cosas. Y eso significa que al sentarte a escribir puede habérsete olvidado el color de ojos del atractivo mozalbete que tiene loquita a tu protagonista.

Cuando pasan estas cosas, ¿qué te parece más comodo? ¿Buscar la primera aparición de ese chico y comprobar su color de ojos? ¿O tener un documento donde has apuntado que el muchacho tiene los ojos verdes, el pelo castaño claro y un cuerpazo que parece esculpido por Miguel Ángel?

Yo te diría que lo segundo. Pero eres libre de pensar lo contrario.

O de decir: «qué más da, ya me encargo de esto en la revisión».

Lo malo de esta última alternativa, es que cuando llegue la hora de revisar te va a tocar hacer de golpe todas esas pequeñas cosas que has ido posponiendo van a estar esperándote. Y van a hacer el proceso de revisión mucho más largo, aburrido y frustrantes.

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¿Qué elementos debería incluir una ficha del personaje?

Los tres básicos que te he mencionado antes: un trasfondo, un conflicto y un objetivo.

Ya, a partir de ahí, pues puedes añadir y quitar elementos a tu ficha de personaje según te convenga.

A continuación te ofrezco una lista de elementos que puedes incluir en tu ficha del personaje. La mayoría son los que uso yo, aunque hay alguno que he decidido desechar. Más adelante te explico cuál es.

También te propongo un modelo de ficha de personaje, bastante completo, que puedes tomar como punto de partida.

Para esta entrada, voy a distinguir entre cuatro tipos de personajes distintos según su importancia en la historia: los personajes principales, incidentales, de bulto y planos. Si quieres ampliar información, haz clic en el icono más arriba.

Modelo de ficha de personaje según su importancia en una historia

Si te fijas en la tabla más abajo, distingo entre tres tipos de personajes: principales, incidentales y de bulto.

Están ordenados según su importancia en la historia.

El motivo de que haya creado tres modelos de ficha distintos es sencillo. Desde mi punto de vista, invertir el mismo tiempo en la ficha de un personje que aparece 3 capítulos y en tu protagonista es un desperdicio de tiempo, energía y creatividad.

Los personajes principales de tu novela son el protagonista, el antagonista y los deuteroagonistas. Se trata de los personajes que reciben un mayor desarrollo y, por tanto, tienen la ficha más completa. Una buena ficha para estos podría incluir los siguientes elementos:

  • Información básica
  • Papel en la historia y arquetipo(s)
  • Aspecto
  • Gestos, manías y dejes
  • Trasfondo (puede incluir su objetivo)
  • Conflicto externo
  • Conflicto interno
  • Personalidad

Se trata de personajes recurrentes en tu novela, con profundidad psicológica y posiblemente un desarrollo a lo largo de la historia. Sin embargo, no empleamos tanto tiempo en desarrollarlos. Podría tratarse de personajes como Neville Longbottom, Lupin o Dumbledore en las novelas de Harry Potter, Legolas o Gimli en El señor de los anillos o Roy Mustang, Riza Hawkeye o Greed en Full Metal Alchemist. Un ejemplo de ficha podría ser:

  • Información básica
  • Papel en la historia y arquetipo(s)
  • Aspecto
  • Trasfondo (puede incluir su objetivo)
  • Conflicto externo (si es distinto al de los personajes principales)
  • Conflicto interno
  • Personalidad

La mayor diferencia en las fichas de estos personajes, en comparación con uno principal es su extensión y no tanto el número de apartados.

Personajes recurrentes en tu historia, con cierta profundidad psicológica pero que no sufrirán desarrollo alguno en la historia. Estos ya tienen una ficha más simple.

  • Información básica
  • Papel en la historia y arquetipos
  • Aspecto
  • Trasfondo
  • Personalidad
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Qué elementos puede incluir una ficha del personaje

Información básica

Si tuviera que decir qué apartado me parece más util, te diría que este, sin lugar a dudas. Aquí es donde yo incluyo toda la información que considero básica y que, por tanto, voy a consultar muy a menudo.

Cosas como el color de ojos, que he mencionado antes, la estatura del personaje, y otros elementos físicos destacados.

Pero también otros elementos como su, edad, su profesión, los familiares más cercanos y cualquier otro dato que en un momento pueda parecerme importante.

Por norma general, es el apartado que más expando y modifico mientras escribo.

Papel en la historia y arquetipo(s)

¿Qué planes tienes para él? Resúmelo en una o dos líneas. Puedes distinguir el tipo de personaje que es, su función en la historia o describir brevemente la relación interpersonal más importante para él.

Si utilizas la estructura de El viaje del héroe, puedes aprovechar este apartado para decir qué arquetipo (o arquetipos) asume y cómo piensas desarrollarlo.

Aspecto

Aunque en la información básica podemos haber incluido uno o dos detalles sobre el personaje, este es el apartado donde vamos a desarrollarlo. Cuánto depende del estilo de cada escritor: yo, por ejemplo, tiendo a ser bastante escueto en las descripciones de estos.

Desde mi punto de vista, debes prestarle especial atención a los rasgos más básicos del rostro de tus personajes.

Una de las normas de la escritura moderna es que debes «mostrar, no contar». Decir que «Pepi está triste» es fácil. Describir que tiene los ojos enrojecidos y que es probable que haya llorado, no obstante queda mejor.

Este recurso es, especialmente importante, si estás escribiendo una historia en primera persona. Ahí tus conocimientos están limitados a los del narrador (que es un personaje) y, por lo tanto, este tipo de frases quedan fuera de lugar.

Un segundo apartado que puede resultar interesante, es plantearte cómo viste.

No te pido que me desgloses su armario. O sí, ahí ya depende de cuánto te gusta la ropa en general y la moda en particular. 

Sí que es interesante, no obstante, que tengas en cuenta que nuestra forma de vestir dice bastante de nuestra personalidad.

Incluso en una novela de fantasía o de aventuras, no llevará el mismo equipo un personaje acostumbrado a viajar que un adolescente que huye del ejército del malo de turno después de que destruyan su aldea.

Gestos, manías y dejes

Si te fijas en la gente, te darás cuenta de que casi todos tenemos pequeños gestos que realizamos de forma involuntaria, o alguna que otra manía extraña.

Esto va desde muletillas tan molestas como el «¿sabes?» que se le cuela a la gente cuando está nerviosa, a las extrañas danzas tribales que más de uno hace en el gimnasio antes de ponerse bajo la barra para levantar cincuenta, cien o doscientos kilos.

Lo que hace que a mí, por lo menos, me guste tanto utilizar este recurso, es que da una mayor sensación de individualidad a los personajes y que favorece este «muestra, no cuentes» que he mencionado anteriormente.

Este tipo de recurso puede, además, utilizar con distintos efectos. En la comedia romántica Kaguya-sama: Love is War, llega un punto en el que la protagonista tiene tantas dificultades para mantener la compostura delante del chico del que está enamorada, que se condiciona a sí misma para calmarse cada vez que se toca la mejilla con la mano derecha. Esto da lugar a todo tipo de situaciones (en su mayoría cómicas).

Y en Tokyo Ghoul, el protagonista tiene la mala costumbre de tocarse la barbilla cuando miente, lo cual permite al lector (y a los personajes más cercanos al protagonista) saber cuándo no dice la verdad.

Trasfondo

El primero de mis tres pilares a la hora de construir un personaje. Elabora un breve recorrido por su vida hasta ahora, centrándote en tres o cuatro elementos que consideres claves para convertirlo en la persona que es hoy. Aunque crees un apartado independiente para este, el trasfondo, el conflicto interno y la personalidad son tres elementos que van de la mano, por lo que es importante desarrollarlos de forma conjunta.

Si no tienes ideas, algunas de las preguntas que te puedes hacer sobre tu personaje a la hora de elaborar su trasfondo son las siguientes:

  • ¿Cuál es su posición social y económica?
  • ¿Cómo fue su vida familiar durante la infancia? ¿Fue sobreprotegido por sus padres? ¿Viene de una familia desestructurada?
  • ¿Qué tipo de estudios ha cursado?
  • ¿Y qué hay de sus amigos? ¿Tiene muchos? ¿Cuál es su relación con ellos?
  • ¿Ha tenido parejas en el pasado? ¿Cómo fue su experiencia en pareja, y qué causó la ruptura?
  • ¿Trabaja? ¿Qué tipos de trabajos ha tenido en el pasado?
  • ¿Tiene inclinaciones políticas? ¿Está comprometido con alguna causa en concreto?

Conflicto externo

El conflicto externo hace referencia a toda aquella fuerza externa que se opone a un personaje. Puede tratarse del antagonista y sus subordinados, de otros personajes, pero también de una circunstancia. Podría, por ejemplo, ser una ley injusta o la mentalidad de una sociedad que desprecia a cierto personaje.

Por norma general, el conflicto externo y el conflicto interno suelen ir de la mano. Uno de los objetivos del conflicto externo es sacar a relucir el defecto de nuestro protagonista y obligarle a hacerle frente. Conseguir superarlo o no, ya es cosa tuya. 

Habitualmente, el conflicto externo del protagonista conforma la trama principal de la historia. No todos los personajes tienen que tener un conflicto externo propio, aunque se puede utilizar el de aquellos que lo tengan para crear subtramas.

Conflicto interno

Si el conflicto externo constituye el núcleo de la acción de la historia, el conflicto interno es su núcleo emocional. Ya te dediques al marketing, la escritura creativa, vender pisos o a engañar votantes, las emociones son una de las formas más efectivas de ganarte a tu público.

El conflicto interno es una herramienta que sirve para humanizar a los personajes de una historia. Al volverlos imperfectos, resulta más sencillo empatizar con ellos y, una vez el lector sentirá sus éxitos como propios.

La realidad, es que la mayoría de las personas queremos creer que cambiar y superar nuestros defectos es posible. Debido a esto, los lectores tienden a establecer un vínculo emocional con aquellos que se esfuerzan por conseguirlo. Estas son dos formas habituales de hacerlo:

  • El conflicto interno de los personajes es algo próximo a los problemas que suele tener el público al que te diriges. Al crear personajes similares a la audiencia, es más fácil empatizar con ellos.
  • El personaje es un desgraciado, pero es consciente de ello y se esfuerza por redimirse y cambiar. Un buen ejemplo es Jamie Lannister de Juego de Tronos. Los éxitos de este tipo de personajes suele hacer pensar al lector un «si él puede, ¿por qué yo no?»

Objetivo

Aquí la cosa se complica un poco. No demasiado, tampoco quiero asustarte.

Aún a riesgo de pillarme los dedos, voy a decir que todas las personas, así como todos los personajes, tienen un objetivo o una meta.

A veces son cosas concretas. Al principio de Guardianes de la Ciudadela, Axlin quiere crear un bestiario que reúna información sobre todos los monstruos del mundo. Esto la lleva a abandonar su aldea y viajar.

Pero también existen, no obstante, personajes que no tienen objetivos tan explícitos o tan materiales. A veces, una persona o un personaje puede buscar algo tan simple como sentirse querido o un propósito, el que sea, para dar a su vida de sentido después de una crisis de identidad.

También debes tener en cuenta, que los objetivos no son algo estático.

Pueden cambiar. O, si no cambian, pueden acabar en un segundo plano cuando el protagonista adquiere unos nuevos.

Personalidad

Aunque he utilizado este apartado durante mucho tiempo, recientemente he decidido prescindir de él.

Desde mi punto de vista, entre el trasfondo, el conflicto interno y el objetivo, tengo bastante. Combinar estos tres elementos me dan una visión básica sobre la forma de ser y de comportarse del personaje y, a partir de ahí, hago que evolucione según considere más lógico.

Sí que es cierto, que tengo unas líneas maestras, pero me gusta darme libertad en este apartado.

Ahora bien. Que me funciona a mí, no significa que vaya a ser igual en tu casa. Mi consejo, si quieres incluir este apartado en tu ficha del personaje es que distingas entre dos personalidades distintas la personalidad más superficial y la más profunda.

La personalidad superficial se correspondería con la actitud y el comportamiento del personaje de puertas para fuera. La parte de sí mismo que muestra al resto del mundo. Por otra parte, la profunda se correspondería con aquellos elementos que no muestra con tanta facilidad.

Crear esta distinción suele ser importante, ya que las personas no nos comportamos igual en el trabajo, con nuestros amigos o nuestra pareja. Esta distinción no significa que tengas que crear a dos personajes diferentes. Algunas personas son más reservadas que otras. Pero plantearte este tipo de cuestiones es importante a la hora de crear personajes complejos.

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