Qué son los arquetipos literarios y cómo usarlos

Si eres un fanático de algún género de novela en concreto, es probable que, con el paso de los años, hayas encontrado una serie de puntos comunes en todas sus obras. Y es que, ya se trate de Sherlock Holmes, de las novelas policíacas de Agatha Christie, o de una serie como Castle, hay una serie de elementos que se repiten hasta la saciedad.

Cuando estos puntos en común se refieren a la historia, a su progresión o a su estructura, hablamos de convenciones de género. Cuando categorizamos, no obstante, a sus personajes, según su rol en la historia, estamos hablando de arquetipos.

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Todo esto de los arquetipos, llevo dando vueltas a la humanidad bastante tiempo. Ya en tiempos de la Grecia clásico, con Platón, se hablaba de ellos. No obstante, aquí hemos venido a hablar de una versión más moderna: la del psicólogo Carl Jung.

Los arquetipos son, para este señor, una serie de imágenes comunes a toda la humanidad ya que vienen, dicho de forma sencilla, preinstaladas en nuestros cerebros.

A lo largo de la historia estos arquetipos se han visto reflejados en tres sitios diferentes:

  1. Los mitos y leyendas
  2. Los cuentos populares
  3. Y la religión, que para algunos entra en una de las otras dos categorías

A raíz de las teorías de Jung, un señor llamado Joseph Campbell investigó y publicó su libro El héroe de las mil caras, donde aplicaba las ideas de este psicólogo a la mitología. Y posteriormente, otro señor llamado Cristopher Vogler, la aplicó a la escritura de guion.

Lo que este último explica es que los arquetipos son, en esencia, funciones dentro de una historia. Si pensamos en una novela policíaca, solemos encontrarnos.

  • Un investigador
  • Un ayudante
  • Una víctima
  • Un villano o criminal

¿Son todos iguales? No. Pero todos tienen la misma función esencial dentro de una historia.

Arquetipos vs estereotipos

Como ya he explicado antes, un arquetipo hace referencia, principalmente, a la función (o funciones) que un personaje tiene en una historia. Los estereotipos, en cambio, son ideas preconcebidas que tenemos de un grupo. A menudo, sin contrastar. Y negativas, buena parte del tiempo.

Los esterotipos son algo que, por norma general, hay que evitar al escribir, salvo casos muy concretos, como puede ser el caso de un texto humorístico. La mayoría de las veces, su uso se asocia a falta de originalidad.

Los arquetipos, en cambio, puedes usarlos con mucha más libertad. Dos personajes, pese a tener una misma función en sus respectivas historias, pueden tener personalidades, conflictos y trasfondos muy diferentes.

Cómo utilizar los arquetipos en la historia que estás narrando

Dado que un arquetipo se refiere, principalmente, a una función o un «rol» dentro de una historia, nada te impide que un personaje pueda asumir dos diferentes en una misma historia. También podrías asignarle una función aparente y otro auténtica, que desvelarías más adelante.

En una novela fantástica, un ejemplo habitual sería el de un mentor, en apariencia amable, que en realidad es malvado y está manipulando al protagonista. Esta situación podría aplicarse a la relación entre Palpatine y Anakin Skywalker en las precuelas de Star Wars, o a la relación entre Edmund y la Bruja Blanca en Las Crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario.

En el caso de la literatura, a diferencia de la psicología, no todos los arquetipos vienen preinstalados en nuestro inconsciente. En la actualidad existen muchos géneros, al fin y al cabo. Y cada uno de ellos tiene una serie de arquetipos básicos. Por este motivo, voy a distinguir entre los arquetipos de el viaje del héroe, que se pueden aplicar a cualquier novela, y los propios a un género, que no son tan amplios.

Los arquetipos en el viaje del héroe

Como bien explico en mi entrada específica sobre El viaje del héroe esta estructura, en contra de lo que indica su nombre, sirve para cualquier género. Para cualquiera.

Incluso para la novela romántica más pastelosa que pueda venírsete a la cabeza.

Porque lo más importante de este viaje no es que el héroe se dé de palos con un montón de gente, sino su lucha contra la adversidad y cómo esta le vuelve mejor persona. Dentro, claro está, de los esquemas culturales de la época.

En este viaje en busca de conocimiento, sabiduría y, a veces, de la receta para dejar de ser un ser humano despreciable, el Héroe se cruzará con una serie de personajes, que le irán guiando a lo largo del camino.

El Héroe

El Héroe es, la mayor parte de las veces, el protagonista de la historia que se cuenta. Al principio de la historia, suele estar más o menos tranquilo. Igual es un desgraciado, pero un desgraciado sin grandes sobresaltos.

Por ejemplo, en el Episodio IV de Star Wars (al que recurro mucho, porque recurre a El viaje del héroe de pé a pá), Luke vive tranquilamente con sus tíos. El chico tiene sus inquietudes, sí, pero hasta que no llega R2D2 con el mensaje de la Princesa Leia, a nadie le importaba su planeta natal. 

Pero no nos adelantemos.

El elemento más importante del héroe (que puede ser bueno, o malo, o valiente, o cobarde, o como más te apetezca) es que debe tener un conflicto. Algo que lo vuelve imperfecto, y que haga que tu lector pueda creerse que es un humano de carne y hueso.

Como ya he dicho antes, para que el viaje del héroe tenga sentido, el protagonista debe tener un problema o inquietud existencial que solucionar.

El Heraldo

¿Recuerdas cuando te he hablado del R2D2 y el mensaje de la Princesa Leia? Pues ahí tienes al segundo arquetipo del viaje del héroe.

La tranquilidad de nuestro Héroe suele terminar a las pocas páginas de empezar la historia. Al fin y al cabo, si el personaje lleva una vida aburrida, el lector también va aburrirse.

El Heraldo es un personaje que tiene, como principal objetivo, avisar al Héroe (y también al lector) de que se avecinan cambios. Puede ser un robot adorable, pero también te jefe diciéndote que están restructurando la empresa y que aquí tienes tu finiquito. O un amigo del protagonista, diciéndole que deje de llorar por su ex y se haga una cuenta en Tinder.

O la carta de admisión a Hogwarts. Aunque en el caso de Harry Potter, al final tiene que presentarse un Heraldo de carne y hueso.

El Mentor

A veces, un único personaje puede asumir tanto el papel de Heraldo como el de Mentor, como es el caso de Gandalf en El señor de los anillos, aunque no siempre tiene porqué ser así.

El Mentor es un personaje que tiene, como principal objetivo, guiar al protagonista en los primeros compases de su aventura y ayudarles en los primeros problemas a los que se enfrente. El ejemplo de Gandalf, en ese sentido, viene muy bien.

Durante la primera parte de El señor de los anillos, él protege y guía a toda la Comunidad del Anillo. Ayuda a que permanezca unida. Lo que pasa es que el Mentor no puede estar encima del Héroe toda la historia.

¿Y eso que significa? Que en algún momento, tiene que abandonar al Héroe a su suerte. El destino más habitual de los mentores (como el de tantos padres y madres de los Héroes) es morir, pero esto no es necesario.

Lo que sí es necesario es que en algún momento, le des la oportunidad al Héroe de tu historia de demostrar que ha interiorizado las lecciones del Mentor. Sin ayuda externa. En caso contrario, corres el riesgo de quitarle credibilidad a tu protagonista al cumplir sus objetivos (si es que los cumple).

El guardián del umbral

En el viaje del héroe, el primer desafío al que este se enfrenta es a cruzar «el umbral». Es el momento en el que el personaje abandona su vida monótona y empieza el viaje.

A menudo, este desafío suele ir acompañado por un guardian, que cuestiona su voluntad real de hacerlo y le pone a prueba. Cuando te fijas en los Inframundos de la mayoría de las mitologías del mundo, por ejemplo, suele haber una criatura que protege la entrada, como Cerbero en la griega.

La principal función del guardián del umbral es comprobar que la voluntad del Héroe de iniciar el viaje es genuina. Esto significa que esta función narrativa no tiene por qué ser representada por una persona. El guardián del umbram podría ser un desierto que tiene que cruzar el protagonista o incluso una situación que le permite escabullirse de la responsabilidad que asumió cuando decidió empezar el viaje.

La sombra

La sombra es el personaje que sirve, por decirlo de algún modo, de principal oposición al protagonista. Suele cumplir el papel de antagonista del Héroe, por lo que a menudo (y si el Héroe es bueno) es el villano de la historia.

En muchas ocasiones, se describe a la Sombra como un personaje que guarda similitudes con el Héroe pero que, a diferencia de este, fracasó a la hora de interiorizar las lecciones aprendidas en la aventura. En la trilogía original de Star Wars, Darth Vader es un Jedi que sucumbió al lado oscuro, además del padre de Luke.

En otras ocasiones, en cambio, se trata de un personaje con el que el protagonista ya tiene una historia. En el género negro, por ejemplo, muchas historias empiezan con el regreso de un criminal al que, en su momento, el protagonista no pudo capturar. O al que daba por muerto, pero que empieza de nuevo a hacer de las suyas.

Dado que no todas las historias necesitan un villano, la sombra no es un personaje que siempre vaya a hacer falta. En realidad, ninguna de estos arquetipos y, por tanto, funciones, son necesarios. 

Pero son una herramienta que te puede ser de utilidad cuando vayas a contar una historia.

Los arquetipos específicos de cada género

Como ya he explicado, los arquetipos no se limitan a aquellos de El viaje del héroe, ni los que recoge la piscología.

Son, en esencia, categorías, que comparten una función similar en muchas obras de un género.

Si vemos, por ejemplo, las películas de princesas de Disney, a menudo nos encontramos a tres personajes recurrentes:

  • Una princesa
  • Un príncipe
  • Una bruja o madrastra

Si decidieses ver todas las películas y, en especial, las más antiguas, te resultaría sencillo ver características similares entre los distintos personajes que asumen estos roles. 

En general, y como menciono al principio de la entrada, los cuentos populares emplean, a menudo, este tipo de imágenes preinstaladas en nuestro inconsciente. Actualmente estoy leyendo Morfología del cuento, de Vladimir Propp, que explica este tipo de cuestiones en profundidad, para tener mayores conocimientos sobre el tema.

También me gustaría elaborar una breve entrada, sobre cómo la película de Frozen jugó, precisamente, con estos arquetipos, para crear una historia que es muy tradicional y, al mismo tiempo, muy modernizada a nuestros días.

Los arquetipos en la novela, según su género

En general, las novelas de corte fantástico beben mucho, al estar inspiradas en la mitología y la religión, recurren de forma bastante directa a los arquetipos que podemos ver en el viaje del héroe, por lo que no voy a profundizar en exceso en ellas.

Sí que puede ser interesante, por ejemplo, mencionar casos como los de la novela policíaca y la novela negra, dos géneros muy parecidos en lo esencial, pero que se diferencian por que la segunda emplea una atmósfera y unos personajes más decadentes, y por el tono pesimista que suele envolverla.

Este tipo de novelas tienen, por norma general, una estructura, una serie de elementos y unos arquetipos más o menos definidos:

  • El protagonista suele ser un investigador: puede ser policía, detective, periodista u otra profesión que le permita desempeñar dicha labor.
  • Suele haber una víctima, ya sea la personaje a la que se robó, al muerto o, en general, a la persona a la que perjudicó el criminal.
  • El investigador va a la caza de testigos y otras pruebas. A menudo encontramos un personaje vinculado al mundo de la ley que le asiste de algún modo, o bien un ayudante.
  • Suele haber, por razones obvias, un criminal al que capturar.

¿Y tú? ¿Conoces otros géneros donde sean abundantes los arquetipos? De ser así, puedes explicarlos en los comentarios.

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