Escribe un cuento con una estructura eficaz e intuitiva

Si estás buscando formas para mejorar tu curriculum como escritor, es posible que hayas buscado concursos literarios donde darte a conocer. Los hay de novela, sí, también de ensayo y de otros géneros literarios. Pero sobre todo, los hay de cuento y relato corto.

¿Por qué? Pues porque no requiere el mismo esfuerzo (ni para el escritor, ni para el jurado) leerse 200 relatos que 60 novelas.

Los relatos son, por tanto, una herramienta excelente para mejorar tu curriculum. También son muy útiles para obtener una impresión rápida de un amigo, tu pareja, o tus compañeros del taller de escritura creativa al que asistes.

Por todos estos motivos, te invito a que pruebes a escribirlos, si es que no lo has hecho todavía.

Estructura el cuento

La mayoría de los cuentos y relatos que habrás leído a lo largo de tu vida, ya estén sacados de colecciones como las de los hermanos Grimm, o de autores contemporáneos como Cortázar o Gabriel García Márquez, probablemente sigan esa estructura que llevas viendo desde tu infancia. ¿Y cuáles es esa estructura?

  1. Introducción
  2. Nudo
  3. Desenlace

La cuestión es que, dicho así, pues como que dice bastante poco. Lo importante, para que un relato (o cualquier historia) funciona no es tanto que utilice estos tres actos, o que cada uno ocupe más o menos dentro de la narración. Se trata, más bien, de que la narración sea amena y que no aburra al lector.

Para esta estructura, por tanto, vamos a eliminar estos tres actos, y vamos a desglosar la estructura del cuento en los siguientes elementos:

  1. Detonante
  2. Primer punto de giro
  3. Punto medio o crisis
  4. Segudo punto de giro o Giro final

A continuación, te explico cada uno de ellos para que lo entiendas mejor, tomando como ejemplo tres cuentos diferentes, un clásico y dos más contemporáneos:

  1. Caperucita Roja
  2. Ladrón de sábado de Gabriel García Márquez
  3. Primera ley de Isaac Asimov

El detonante

La mayoría de las historias hacen referencia a un cambio o describen un evento fuera de la común. Lo primero, por tanto, al contar una historia, es poner en antecedentes al lector. Explicar cómo era todo antes del principio.

Lo que pasa es que los relatos cortos, la mayor parte del tiempo, no pueden emplear mucho tiempo en este tipo de asuntos. Al fin y al cabo, su longitud suele ser bastante limitada. Por lo tanto, lo ideal es dar la información mínima para comprender la historia y, a continuación, incluir el detonante.

Pero, ¿qué es el detonante? El detonante es el suceso que da inicio a la historia. Debe ser, por tanto, algo interesante y que llame de forma casi inmediata la atención del lector.

En cuentos populares más antiguos, como Caperucita o Hansel y Gretel, el detonante suele ser abandonar el hogar de sus padres. ¿Por qué? Porque en circunstancias normales, los padres protegen a sus hijos del peligroso mundo exterior. Al prescindir de ellos, das la oportunidad de que pasen cosas extraordinarias. 

En el relato Ladrón de sábado, el detonante es la llegada del ladrón, Hugo, a casa de su víctima, Ana. Por otra parte, en Primera ley, el relato de Asimov, el detonante es el momento en el que Donovan dice haber conocido a un robot que desobedeció la primera ley: no harás daño a un ser humano.

El primer punto de giro

En la estructura de un cuento, el primer punto de giro suele ser el momento en el que sucede un cambio, que impulsa la narración hacia delante. A menudo, este cambio es la consecuencia de la decision que toman los personajes principales.

Por ejemplo, en Ladrón de sábado Hugo decide quedarse en la casa, en lugar de marcharse después de haber terminado el robo.

Por otro lado, en la Primera ley, el primer punto de giro es el momento en el que el robot Emma Dos empieza a actuar de forma extraña y, posteriormente, decide escaparse de la base de Titán donde vive.

Este cambio, obviamente va a condicionar todo lo que sucederá después, aunque el lector todavía no tiene por qué saberlo. En el caso de Caperucita Roja, por ejemplo, seguir el consejo del lobo y tomar un camino, desencadena que el lobo llegue primero y pueda comerse a la abuelita.

El punto medio o crisis

La crisis a la que me refiero aquí no tiene porqué ser una catástrofe de grandes proporciones. Lo más importante, desde mi punto de vista, está en generar tensión en el lector. ¿Y esto cómo se hace?

Pues haciéndole creer que va a pasar algo malo, tenga esto lugar o no.

En el caso de Ladrón de sábado, la crisis tiene dos partes, desde mi punto de vista. La primera parte, es cuando Ana se bebe el somnífero que había preparado para Hugo y se queda dormida, con el ladrón aún en casa. Y la segunda tiene lugar al día siguiente cuando, después de que ella se despierte vestida y bien tapadita, aparece una amiga de Ana, que le da la oportunidad de delatar al ladrón y hacer que lo arresten.

Por otro lado, en Primera ley, la crisis es el momento en el que, en mitad de una tormenta, Donovan se ve obligado a aterrizar (¿alunizar? ¿atitanizar?) su transporte y volver corriendo a la base. La tormenta arrecia y aparece una bestia que quiere darle caza.

Y en Caperucita Roja, la crisis es la conversación entre el Lobo y Caperucita, después de que esta llegue a casa de su abuela. El diálogo entre ambos personajes, donde Caperucita le pregunta por sus orejas o sus dientes, sirven para esclarecer que el lobo ha sustituido a la abuelita, y su extensión permiten cargar de tensión al lector.

Y también estirar esta tensión, porque el lector se percata de qué está pasando antes que la protagonista, de modo que sufre al pensar que el lobo va a devorarla.

El segundo punto de giro

El segundo punto de giro es el momento donde el relato alcanza su resolución. A menudo suele recurrirse a un giro final que sorprenda e impacte al lector, de modo que el relato quede grabado en su memoria.

En el caso de Ladrón de sábado, el giro final sería cuando Hugo devuelve todo lo robado, se despide y Ana le invita a volver el fin de semana siguiente.

En el caso de Primera ley, el giro final tiene lugar cuando Emma Dos intenta impedir que Donovan dispare a la bestia y se descubre que esta la había adoptado cuando era un cachorro y que el robot había antepuesto su vínculo emocional hacia esta criatura a su propia programación.

Es muy importante, no obstante, que te asegures de que en tu relato existan indicios que guíen hacia este giro final. De surgir de la nada, en lugar de sorprendido tu lector puede sentirse engañado.

En los dos ejemplos que he mencionado, existen indicios claros que pueden apuntar a este final, y que a un lector no le costará encontrar en una segunda lectura. Por ejemplo, en Primera ley Donovan el comportamiento de Emma Dos, inicialmente extraño, tiene una explicación sencilla: estaba intentando mantener oculto y al mismo tiempo cuidar al cachorro.

Por otra parte, en Ladrón de sábado vemos cómo ambos protagonistas van encariñándose con el otro conforme avanza la historia.

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